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La escuela rural de Monte Patria que convierte el barro del temporal en una sala de clases

La Unión El Coipo investiga la remoción en masa del Paradero de Panguecillo articulando los planes multigrado de primero a sexto básico, una experiencia que el profesor Eduardo Jaime Muñoz y la profesora Gladys Pizarro extienden junto a padres y apoderados y otras escuelas rurales de la comuna lo replican.

El temporal de julio de 2026 no solo dejó caminos cortados y localidades aisladas en la Región de Coquimbo. En la comuna de Monte Patria, donde las precipitaciones alcanzaron registros históricos, el paisaje quedó marcado por deslizamientos y remociones en masa. Uno de esos eventos, ocurrido en el sector del Paradero de Panguecillo, se transformó en el punto de partida de una investigación escolar que hoy es parte de una estrategia pedagógica de la Escuela La Unión El Coipo.

La iniciativa no surge de un laboratorio ni de un texto escolar. Surge del barro, de las quebradas que bajaron con fuerza y de las preguntas de niños y niñas que vieron cómo el territorio que habitan cambió en pocos días. El profesor Eduardo Jaime Muñoz quien dicta talleres de Ciencia y Medio Ambiente, desarrolla la tarea de buscar innovaciones educativas en un contexto desafiante donde existe la necesidad de generar vínculos con el territorio con el fin de mejorar los resultados académicos de los estudiantes.

Junto a la  profesora Gladys Pizarro han liderado un trabajo que articula los planes de enseñanza multigrado de primero a sexto básico en torno a un eje común: comprender los desastres socionaturales desde la realidad local.

En un aula donde conviven estudiantes de distintos niveles, la remoción en masa de Panguecillo dejó de ser una noticia para convertirse en un objeto de estudio. Los más pequeños observan, describen y registran lo que ven; los mayores formulan hipótesis, buscan patrones y comparan lo ocurrido con otros eventos extremos. La estructura multigrado, lejos de ser un obstáculo, permite que los aprendizajes se encadenen: lo que un estudiante de segundo básico dibuja, uno de sexto lo interpreta con mayores herramientas; lo que uno de primero pregunta, uno de cuarto lo convierte en una vía de indagación.

El trabajo no se limita al aula. Padres y apoderados han sido parte activa del proceso, aportando memoria local sobre el comportamiento de las quebradas, los caminos que antes existían y las señales que la comunidad aprendió a leer con los años. Esa articulación entre escuela y territorio es la que ha dado densidad a la investigación: los estudiantes no solo estudian un fenómeno natural, reconstruyen la historia reciente de su propio entorno.

La experiencia, además, no queda encapsulada en El Coipo. La misma estrategia de trabajo se replica en otras escuelas rurales de Monte Patria: donde los niños y niñas guiados por sus profesores buscan comprender y entender como los temporales han transformado el entorno natural, así es el caso de la escuela de Colliguay guiados por la profesora Nadia Rojas, El Tayan, guiados por la profesora Carmen Araya, en la escuela Pablo Neruda guidos por el profesor Jairo Pizarro y colegio Carmela Prat guiados por el Profesor Eduardo Pérez. Cada una con sus propios énfasis y realidades, pero compartiendo la convicción de que el entorno inmediato es el mejor punto de partida para enseñar ciencias, educación ambiental, arte, lenguaje, geografía y formación ciudadana.

Para el profesor Eduardo Jaime Muñoz, la clave está en que los niños y niñas comprendan que los desastres no son solo eventos físicos, sino procesos que se entrelazan con la forma en que las comunidades ocupan y transforman el territorio. La profesora Gladys Pizarro, por su parte, ha sostenido el trabajo cotidiano en el aula multigrado, asegurando que la investigación no pierda rigor ni continuidad mientras se atienden las necesidades diversas de estudiantes de seis niveles distintos.

El temporal de julio de 2026 dejó daños severos en Monte Patria: localidades aisladas, viviendas afectadas, pérdida de ganado y caminos destruidos . Pero también dejó una oportunidad que estas escuelas rurales supieron tomar. La remoción en masa del Paradero de Panguecillo es, para los estudiantes de La Unión El Coipo, mucho más que un recuerdo del invierno. Es el punto de partida de una forma de aprender que mira el territorio a los ojos y le pregunta qué pasó, por qué pasó y qué podemos hacer para que la próxima vez estemos mejor preparados.

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