Las laderas que quedaron expuestas tras los incendios de enero de 2026 podrían convertirse en focos de deslizamientos en los próximos meses. Universidades e instituciones de Gobierno ya trabajan en medidas de mitigación.
“El riesgo de remociones en masa en zonas afectadas por los incendios es inminente”, advierte el geólogo Cristian Vera, investigador de la carrera de Geología de la Universidad Andrés Bello en Concepción. El experto señala que la eventual llegada del fenómeno de El Niño, con probabilidades superiores al 60%, y lluvias más intensas de lo habitual podría desestabilizar terrenos que ya perdieron su cohesión, provocando deslizamientos y poniendo en riesgo la seguridad en zonas como Florida, Penco y Tomé.
El fenómeno de El Niño, explica, corresponde a un cambio en la dinámica oceánica y atmosférica del Pacífico. En condiciones normales, “el viento cálido recorre desde Sudamérica hacia Oceanía a través de los vientos alisios”, lo que permite el afloramiento de la corriente de Humboldt y explica las bajas temperaturas del mar en la costa chilena. Sin embargo, durante El Niño estos vientos pierden fuerza y las aguas cálidas se desplazan o permanecen frente a Sudamérica, generando un aumento de las temperaturas y precipitaciones.
Este año, además, se ha advertido sobre un posible “super Niño” o “Niño Godzilla”, con anomalías térmicas cercanas a 2 grados por sobre los valores habituales, lo que podría intensificar sus efectos.
Laderas debilitadas bajo presión
Aunque el fenómeno no provoca deslizamientos de forma directa, sí actúa como detonante. “Lo que hace es aumentar la probabilidad de que ocurran debido a episodios lluviosos de alta intensidad”, explica Vera. Durante el proceso la lluvia satura el suelo, aumenta la presión interna y reduce su resistencia, facilitando fallas estructurales en las laderas.
El problema se agrava en zonas afectadas por incendios recientes. “Es en esas zonas donde el suelo ha perdido su cohesión debido a la falta de vegetación y por lo tanto va a ser mucho más fácil que ocurran movimientos de laderas”, señala.
En la Región del Biobío, por ejemplo, sectores como Penco, Tomé, San Pedro de la Paz y Santa Juana concentran preocupación, particularmente en áreas con pendientes pronunciadas y urbanización sobre laderas. Vera advierte que “hay muchísimas laderas urbanizadas que no deberían estarlo y, por lo tanto, la vulnerabilidad local es mucho mayor”.
Coordinación institucional y prevención
Desde febrero, la Universidad Andrés Bello, junto a otras instituciones de educación superior, trabaja en coordinación con organismos públicos como Senapred y el Ministerio de Vivienda y Urbanismo para identificar zonas críticas y definir medidas preventivas. En esas instancias se han priorizado áreas como la ruta entre Penco y Tomé, incluyendo sectores como la carretera General Amengual, donde existen laderas de alta pendiente afectadas por el fuego.
El monitoreo y la identificación de señales tempranas son clave. “Grietas en la cabecera de la ladera, agua que aflora en el pie del talud, árboles inclinados o ruidos en el terreno” pueden anticipar fallas. A ello se suma la necesidad de fortalecer la instrumentación, aumentar la red de pluviómetros y mejorar los sistemas de monitoreo de humedad del suelo.
Pese a que aún no se instala completamente el fenómeno, las probabilidades son altas. “Las instituciones indican que hay un 60% de probabilidad de que emerja entre mayo y julio”, afirma Vera, quien recalca que el escenario exige vigilancia. Las lluvias esperadas podrían caer sobre suelos ya húmedos, aumentando el peligro. “Vamos a enfrentar unos meses con lluvias de alta intensidad y esta lluvia va a caer sobre un suelo que ya está húmedo o saturado en algunos casos por las lluvias previas”.
En ese contexto, la prioridad está en las zonas postincendio. “Estas zonas están desprovistas de protección”, advierte el investigador, subrayando la urgencia de medidas como estabilización de taludes, control de escorrentías y restricciones a la construcción. Las medidas preventivas son urgentes y el plazo para tomar los resguardos es breve, por lo que lo que se haga antes del arribo del Niño será clave para evitar eventuales catástrofes.