La banda forma parte de las iniciativas comunitarias impulsadas por los equipos de salud del CESAM Dr. Daniel Pantoja Rivera de Las Compañías, una estrategia que promueve la participación de usuarios y familias, para generar espacios de encuentro.
Los martes suenan a rock y jazz en el Centro de Salud Mental Dr. Daniel Pantoja Rivera de Las Compañías, donde distintos instrumentos se encuentran en una sala de ensayo para dar vida a Corazones Suyay, una banda integrada por usuarios del Hospital de La Serena y que nació desde los grupos de autoayuda multifamiliar y las iniciativas comunitarias, espacios en los que sus integrantes se reúnen semanalmente para compartir su pasión por la música y desarrollar sus habilidades a través de la creación, un camino que durante el último año ha dado como resultado cinco canciones y un nombre inspirado en la palabra quechua “Suyay”, que significa esperanza.
Para Luis Chirinos Zárate, de 36 años, su historia con la música comenzó mucho antes de llegar al CESAM, cuando en el liceo formó una banda junto a sus amigos. Años después, la posibilidad de volver a tocar con otras personas apareció nuevamente. “Ha significado mucho para mí, porque al principio era un desafío unirme a una banda. Me había comprado una guitarra y había aprendido a tocar practicando solo, pero cuando llegué a los talleres del CESAM conocí a otras personas que también tenían intereses musicales. Nos dimos cuenta de que éramos varios los que compartíamos gustos por la música y por distintas bandas, y así surgió la posibilidad de formar un grupo”.
Durante este primer año han experimentado con distintas formaciones e instrumentos. Luis pasó de la guitarra a la batería, mientras otros integrantes fueron incorporándose con otros instrumentos. Así es como la banda comenzó interpretando covers y, con el tiempo, empezaron a crear sus propias canciones.
Actualmente, Corazones Suyay está compuesta por Erika Leiva Ponce, en la voz; Juan Torres Aguirre, en el bajo; Luis Chirino Zárate, en la batería; Felipe Olivares Ogalde y Marcos Fourrey Díaz, en las guitarras eléctricas; Carlos Santander Díaz, en la timba; y Lucas Alvayay Durand, en el saxofón alto y como director de la banda.
Para Luis, volver a compartir la música con otras personas también significó recuperar una rutina y una actividad que disfruta. “Estoy más activo en la vida en general, porque antes estaba más desocupado. Ahora tengo una rutina semanal de ensayos y eso me ha ayudado mucho. Estoy más despierto, más lúcido, más activo en la vida y, sobre todo, más feliz“, relata.
ROCKEANDO DESDE LA COMUNIDAD
La historia de Corazones Suyay está vinculada al trabajo comunitario del CESAM, allí funcionan grupos de autoayuda multifamiliar que reúnen a familias y personas de la comunidad, quienes participan de manera autónoma y han impulsado diversas iniciativas a partir de sus propios intereses y habilidades.
Para el equipo del CESAM, el valor de la experiencia está también en las oportunidades que genera para que las personas puedan relacionarse, desarrollar sus intereses y fortalecer sus capacidades dentro de la comunidad. Katherine Escobar, trabajadora social del recinto de salud serenense señala que iniciativas como esta permiten ampliar la mirada sobre las personas que participan de los espacios de salud mental, poniendo atención en sus habilidades, intereses y talentos.
“Hay mucha desinformación, mucho estigma, muchas etiquetas y diagnósticos que, al final, terminan quizás llenando de polvo un montón de habilidades y atributos que las personas traen en sí mismas. Y eso es justamente lo que hemos podido ver en la banda, que, a pesar de que alguien pueda estar, por ejemplo, siguiendo un tratamiento, o que antes quizás tocaba solo en su casa, ahora tiene la posibilidad de reunirse de manera colectiva y desarrollar sus habilidades”.
Viviana Núñez, trabajadora comunitaria en salud mental, explica que desde estos espacios han surgido distintas iniciativas comunitarias. “Lo que nosotros, como grupo de autoayuda multifamiliar hemos hecho son distintas iniciativas comunitarias, principalmente a partir de nuestros propios recursos. Trabajamos desde la autogestión y hemos desarrollado talleres de panadería, iniciativas como ‘Aguja Mágica’ y talleres de costura, además de la banda musical que tenemos. En el fondo, se trata de apoyarnos entre las familias que formamos parte de esta comunidad”.
La experiencia también ha permitido observar cambios en algunos usuarios que participan de la agrupación. La psiquiatra Cecilia Quezada explica que personas que durante años se han mantenido más retraídas o con dificultades para socializar han encontrado en el taller una oportunidad para integrarse a un grupo, fortalecer su identidad y trabajar en torno a sus intereses.
“Hemos visto usuarios que han estado en tratamiento durante años y que normalmente se han mantenido más retraídos o con escasa socialización y han pasado a ser parte de un grupo, fortaleciendo su identidad y sus propios intereses. Además, han obtenido un montón de beneficios relacionados con la expresión de la creatividad, la socialización e, incluso, el desarrollo de habilidades motoras”.
ORGULLO FAMILIAR
Los efectos de este proceso también son visibles para las familias. Paulina Zárate es madre de Luis y ha acompañado de cerca su incorporación a la banda. Para ella, verlo tocar junto a otras personas y desarrollar su talento musical representa un importante avance. “Para mí significa un gran avance que él ha tenido. Acá ha explotado su talento de música, de tocar instrumentos. Él ha llegado a escribir música de su propia autoría y me siento orgullosa de lo que está haciendo acá”.
Paulina también ha observado cambios en la manera en que su hijo se relaciona con otras personas y expresa sus sentimientos. “Él ha aprendido acá a socializar, a comunicarse más. Ya no está encerrado en él; expresa sus sentimientos, ya no los tiene tan escondidos como antes”, agrega.
Para el equipo de salud, generar este tipo de espacios permite ampliar las oportunidades de participación de los usuarios y favorecer su integración en actividades de la comunidad, especialmente aquellas que resultan significativas y motivantes para cada persona.
En este sentido, el psiquiatra Rodrigo Iribarren explica que “el objetivo es poder integrar a las personas que se atienden en el centro de salud mental, precisamente para poder mejorar su incorporación a las actividades de la comunidad, a actividades que sean motivantes y apartarse del concepto de enfermedad”.
El profesional señala que, una vez controlados los síntomas que pueden limitar la participación, estos espacios favorecen que las personas desarrollen sus capacidades, incorporen nuevas rutinas y participen en actividades significativas para ellas y sus familias, fortaleciendo así sus procesos de recuperación y su vínculo con la comunidad.
