Tres madres abren su corazón para contar cómo han vivido la lactancia, una experiencia que une, emociona y deja recuerdos que permanecen para siempre.
La lactancia es uno de los primeros encuentros entre una mamá y su hijo. Es en esos minutos de calma, de abrazos y de contacto piel con piel, donde empieza a crecer un lazo único. Es que más que alimento, amamantar es una experiencia que ayuda a muchas mujeres a conectar con sus hijos, a aprender juntos y a descubrirse día a día en este nuevo camino.
Maricarmen Muñoz conoce bien esa sensación. Hace unos meses dio a luz a Julián en el Hospital de Coquimbo, su primer hijo, y hoy atesora cada momento junto a él. Cuenta que la lactancia ha sido una experiencia que les ha permitido fortalecer su vínculo y crear una conexión muy especial, convirtiéndose en uno de los recuerdos más significativos de esta nueva etapa.
“Los primeros días fueron difíciles, sobre todo porque Julián estuvo hospitalizado en Neonatología. Aun así, yo quería crear ese apego con él, así que, aunque al principio me dolía un poco, seguí intentándolo. Lo que más me sorprendió fue lograr el apego que tanto deseaba. Ahora él me busca, me mira durante cada toma y eso hace que nuestra conexión sea muy especial. Lo más lindo sin duda fue fortalecer el vínculo madre e hijo, y siento que la lactancia le dio la seguridad y protección que necesitaba”, relata.
Para Constanza Contreras el inicio tampoco fue fácil. Tuvo un parto muy complejo que la mantuvo internada en la UCI del recinto porteño, pudiendo ver a su pequeño Clemente recién 72 horas después del nacimiento. “El mismo día que nos conocimos comencé a intentar darle pecho. Me sorprendió la rapidez con que iniciamos la lactancia y el poder tener un buen acople, que hasta hoy ha sido un éxito, ya que está aumentando 42 gramos por día y el promedio es entre 20 y 30 gramos. Las primeras jornadas eran de incertidumbre, no saber si lo hacía bien o no. Y aunque tenía un buen acople, en ocasiones no, por lo que había un dolor leve, pero viendo tutorías online pude mejorar y eso duró muy poco tiempo”, recuerda, refiriéndose a la lactancia como algo “maravillosamente caótico”.
La historia de Bárbara Reyes también refleja esta realidad. Y aunque hoy la describe como “una de las experiencias más maravillosas que nos regaló la vida”, reconoce que con su hija Sabrina el comienzo de la lactancia estuvo lleno de desafíos. Afortunadamente, en el Hospital de Coquimbo el equipo de salud le entregó apoyo para poder enfrentarlos.
“La primera vez que le di pecho fue bonito, aunque también fue una sensación extraña porque me dolía, pero sentía alegría por dentro al ver a mi bebita alimentándose. El momento más bonito fue cuando la vi por primera vez tomar mi pecho, y lo más complicado cuando no se acoplaba muy bien. Ahí el personal del hospital fue muy bueno, me mostró cómo hacerlo correctamente y me dieron aliento, pues ella debía ir aprendiendo a medida que fuera amamantando. Me decían que no me deprimiera si al principio no sentía que fuera mucha leche, así que estoy muy agradecida. Me ayudaron mucho y me dieron su apoyo”, destaca.
Un camino de paciencia y perseverancia
Cuando un bebé nace se habla mucho de la “primera hora de oro”, que se refiere al periodo de 60 minutos posteriores al parto, donde se recomienda que el recién nacido esté en contacto piel a piel con su madre y pueda iniciar la lactancia. Lamentablemente, a veces por hospitalización de la madre, del bebé, o por dificultades en el acople, esto no ocurre, y es ahí donde se activa el Comité de Lactancia del Hospital de Coquimbo. Este equipo multidisciplinario entrega apoyo en distintas etapas del proceso, desde la orientación inicial a la madre y su recién nacido, hasta el préstamo de equipos para aquellas que lo necesiten.
“Lo más difícil fue que algunos días aceptaba el pecho y otros no, lo que me frustraba, pero nunca dejé de intentarlo hasta que lo logramos. En Neonatología me apoyaron mucho, tanto para lograr un buen acople con mi bebé como para enseñarme a usar el extractor de leche”, agrega Maricarmen.
Marcela Leyton, enfermera encargada de Neonatología y coordinadora del Comité de Lactancia del Hospital de Coquimbo, explica que entregar acompañamiento a las madres y sus familias es uno de los principales objetivos que buscan. “Sabemos que amamantar no siempre es fácil. A veces surgen dudas o dificultades y eso es completamente normal. Cada mamá y su bebé viven esta experiencia de manera distinta, por eso lo más importante es que sepan que no tienen que enfrentarlo solas. Estamos para acompañarlas y ayudarlas a encontrar la mejor forma para ellas y sus hijos”, señala.
Y en el marco de la Semana Mundial de la Lactancia Materna este mensaje cobra aún más sentido. Es que toda experiencia es diferente, con sus propios tiempos y aprendizajes, por lo que contar con apoyo y acompañamiento puede hacer una gran diferencia. Por eso, el llamado es a que las madres que estén enfrentando dificultades se acerquen a su centro de salud, donde encontrarán profesionales dispuestos a orientarlas y hacer que vivan este proceso de la mejor forma posible.
